miércoles, 16 de junio de 2010

LA LIBERTAD

El 6 de marzo de 1810, la embarcación partió de África hacia la colonia del Río de la Plata. En esa embarcación viajaban 250 negros africanos, vendidos a la virreina para ser sus esclavos. De forma inhumana fueron trasladados a la colonia.
Al llegar, pasadas unas pocas horas, cada uno ya tenía su actividad que realizar: trabajar en el campo, o en tareas domésticas. Ellos sabían que en ese lugar eran los que menos derechos tenían. Muchas veces recibían latigazos de parte de sus amos, que los alimentaban y los vestían de acuerdo a su voluntad.
En una fiesta que realizaron los virreyes, los esclavos servían a los invitados, todos estaban comiendo pastelitos y escuchando música y hasta que misia Mariquita se dio cuenta de que faltaba la virreina. La buscaron por todos lados hasta que una sirvienta la encontró en el baño. Estaba tirada en el suelo, con una puñalada en el pecho y una nota en la mano que decía: "Por tantos años de esclavitud".
El Ayuntamiento juntó a todos los esclavos y les pidió a cada uno que escribiera su nombre en un papel para comenzar a gestionar su libertad. De los 250, sólo uno supo escrribir su nombre a la perfección, y ése fue el culpable.

Kevin Vázquez
Micaela Franco
Melinda Ibáñez

2º 5ª
EL SUICIDIO












En el año 1810, un trágico suceso provocó gran conmoción en Buenos Aires...



Cuando Érica tenía 10 años, su padre había arreglado el casamiento con Nicolás Ayala. Érica no se preocupó porque era una niña y para eso faltaba mucho tiempo.



Pasados otros 10 años, la mamá de Érica empezó a hacer los preparativos para el casamiento, pero su hija todavía no había conocido a Nicolás, ya que las mujeres salían muy poco de su casa en esa época. Érica no quería casarse porque no lo conocía, y no sabía si lo podría amar.



Habló con la madre de lo que le sucedía. Ella le dijo que era para su bien y el de su familia. Pero Érica le respondió que no pensaba casarse con alguien al que no conocía sino con alguien al que amara. La madre le dijo que el amor vendría después de casarse y terminó la discusión.



Érica salió al patio y miró hacia todos lados buscando por dónde escaparse, pero había un muro de dos metros y medio de altura. Resignada se fue a su alcoba hasta que la llamaron para cenar.



Durante la cena ella quería comentarle algo a su padre, pero no pudo porque no podía hablar en la mesa. Después de cenar volvió a su habitación.



Mientras tomaban el té, la madre le comentó a su esposo lo que había discutido con la hija, entonces él se dirigió a la alcoba de Érica y ella le pidió por favor que no la obligara a casarse. Él le repitió las mismas palabras de la madre, que era para su bien.



Pasaba el tiempo, los padres seguían con los preparativos para la boda. Cuando faltaba una semana, como Érica insistía en su negativa, el padre le dijo que se iba a casar a la fuerza. Por toda respuesta ella bajó al sótano, tomó una soga, se dirigió a su alcoba y se encerró. Cuando fueron a llamarla para que se sentara a la mesa porque la cena estaba servida, Érica no respondía. Entonces tiraron la puerta abajo y ahí estaba ella colgando, se había suicidado.



En la mesita de luz había una nota: "Si no me dejan conocer el verdadero amor, no me queda nada más que hacer en esta vida"




José Luis Martínez



Camila Caglia


2º 5ª

martes, 10 de noviembre de 2009

El asesinato de Magaly Suárez
En el año 2005, en el barrio de Villa Caraza, vivía Olga, una mujer viuda, con sus tres hijos: Magaly, de 10 años, Esteban, de 13 y Matías, de 16.
Olga trabajaba como secretaria ejecutiva en un estudio jurídico.
Alfredo era separado y vivía con dos de sus tres hijos, Leo, de 18 y Florencia, de 15 años.
Ambos se conocieron en el trabajo de ella, ya que Alfredo vivía de sus changuitas y fue a reparar una bisagra de la puerta de una de las oficinas. Desde ese día nunca más se separaron, digamos que fue amor a primera vista.
Cuatro años después las cosas habían cambiado; él no era el mismo, ya no se interesaba por su mujer, llegaba a cualquier hora a su casa, empezó a faltar la plata, tenían discusiones sin sentido, maltrataba a sus hijos e hijastros, excepto a Magaly.
Una noche, Alfredo se encontró en un bar con sus amigos y, copa tras copa, les confesó que se estaba enamorando de su hijastra menor. Al volver a su casa, observó que estaban todos durmiendo, excepto la pequeña, entonces decidió engañarla con una mentira: "vamos a comprar", y la inocente niña lo acompañó. La llevó a un descampado donde abusó de ella y luego la ahorcó con su cinturón para que no contara nada.
A la mañana siguiente, Alfredo se encontraba durmiendo con su mujer, a las 7.00 sonó el despertador, entonces Olga subió a despertar a sus hijos. Cuando entró a la habitación de las chicas vio que la cama de su hijita menor estaba vacía. Desesperada fue hacia su habitación, despertó a su esposo y le contó lo sucedido; él fingió estar muy preocupado y llamó a la policía.
La policía llamó a dos de sus mejores detectives, los hermanos Sam y Dean Winchester. Éstos se pusieron al tanto de lo sucedido y empezaron a tomar testimonio a los vecinos.
Dos horas después de que todos los vecinos hubieran declarado, los investigadores se dieron cuenta de que todas las personas coincidían en que la familia era un poco extraña, ya que Olga y Alfredo siempre discutían por celos, por el trabajo o porque él sacaba plata de la caja fuerte.
Luego, los investigadores decidieron citar a la pareja para que declararan dónde habían estado y qué habían hecho la noche que desapareció la niña.
La madre dijo que estuvo de regreso en su casa a las 20. 30, e hizo la comida para todos los niños. Después los mandó a dormir y lo mismo hizo ella alrededor de las 23.00 hs.
Alfredo declaró haber ido al bar después del trabajo; nombró a varios compañeros de copas; no recordaba la hora a la que había regresado a su casa.
Los investigadores dudaron de Alfredo por su actitud insegura a la hora de declarar; así que llamaron a los amigos que esa noche habían estado con él, para tomarles testimonio.
Uno de ellos dijo que Alfredo había dicho que le estaba empezando a gustar su hijastra menor. Los detectives quedaron paralizados por lo que escucharon. Ya no quedaban dudas, Alfredo era la clave de la desaparición.
Inmediatamente fueron a buscar al sospechoso; cuando llegaron a destino quisieron revisar sus cosas, pero él se negó.
Regresaron con una orden de allanamiento. En el fondo de la casa había un cuarto donde encontraron ropa ensangrentada. Los análisis confirmaron que la ropa y la sangre eran de Magaly, Alfredo la había ocultado allí.
Con estas pruebas arrestaron a Alfredo, quien confesó y pidió perdón a su familia. Fue condenado a cadena perpetua.
Erica Cano, Macarena Monserrat, Alexandra Céspedez
2º 2ª

miércoles, 9 de septiembre de 2009


En un pueblo de la provincia de Buenos Aires, vivía una señora llamada Rosa, ella todas las tardes salía de compras.
Una tarde estaba entrando en el supermercado cuando vio que Cristian le estaba robando a una mujer. Rosa inmediatamente avisó a la policía.
Ella conocía a Pablo, el padre de Cristian, por lo tanto creyó conveniente informarle lo que había sucedido.
Pablo, indignado, le dijo a Rosa que no se metiera en los asuntos de su hijo, y que él iba a arregler cuentas con ella.
Al día siguiente María, la mucama, al abrir la puerta de la casa se encontró con una mancha de sangre en el living, y cuando llegó al dormitorio, Rosa estaba muerta.
Inmediatamente llamó a la policía. Dos investigadores, Martín y Lucas, llegaron al lugar. Tomaron muestras de la sangre y revisaron todo en busca de evidencias.
Los resultados del análisis de sangre mostraron que no era de la víctima.
¿De quién era la sangre? ¿Por qué habían matado a Rosa? ¿Quién era el asesino?
Martín y Lucas recordaron el episodio del supermercado. Ingresaron el ADN de la sangre a la computadora y descubrieron que era de Cristian.
Enojado con Rosa porque lo había denunciado, fue a verla para pedirle que retirara la denuncia, como ella se negó, la asesinó. Cuando salía corriendo de la casa, asustado, se raspó la pierna con un mueble que tenía un clavo y su sangre manchó el piso.
Martín y Lucas resolvieron el crimen y Cristian pagó las consecuencias de sus actos.

Micaela Asta - 2º 5ª

jueves, 3 de septiembre de 2009



UNA TRAGEDIA EN EL COLEGIO


El 15 de octubre de 1993 encontraron muerta a la joven Noelia con un tiro en la cabeza y un corte en la yugular. Ella concurría a la Escuela Técnica Nº5 de Lanús. Una preceptora llamada Marta vio el cuerpo en el medio del patio y llamó a la Policía. Luego de interrogar a algunos alumnos, el Jefe de Policía, el oficial Pecetti, opinó que seguramente había sido algún compañero, ya que a la escuela concurrían algunos chicos con fama de delincuentes. Pero no sabía cómo había hecho para entrar con un arma. También se enteró de que ella era la mejor alumna, tenía muy buena conducta pero se llevaba mal con algunos compañeros.

El caso fue derivado a la Comisaría 8ª donde trabajaba el oficial Casas, amigo del padre de la fallecida,quien tomó el caso como algo personal.

Al día siguiente, el oficial Casas fue a la escuela a buscar evidencias. Encontró un mechón de pelo y el cuchillo que habían usado para cortar la yugular. Llevó todo para que lo analizaran.

Cuando salió de ahí fue a la casa de los padres para averiguar si tenía algún enemigo o algo por el estilo. Los padres le dijeron que ellos no sabían nada, pero la que sí podía saber era Abigail, la mejor amiga.

El oficial Casas fue a interrogar a Abigail. Ante sus preguntas, la chica sólo pudo responder: "no sabe lo mal que estoy, yo la quería mucho" y se puso a llorar. En ese momento el oficial recibió un mensaje de la comisaría diciéndole que fuera urgente.

Llegó a la comisaría y allí lo esperaba Daniela, otra amiga de la joven fallecida, que decía que necesitaba hablar con él. Ella le confesó que sospechaba de Abigail porque le gustaba el novio de Noelia, y que lo único que quería era que el culpable pagara. El oficial le agradeció.

Seguidamente llamó al padre de Noelia y le preguntó cuándo había visto a su hija por última vez. Él respondió que el jueves a la mañana antes de que se fuera a gimnasia, porque luego iría al colegio y de ahí a la casa de Daniela. Luego le mandó un mensaje diciendo que la habían castigado pero no aclaró por qué.
El oficial cortó el teléfono y se fue enseguida para el colegio. Habló con la regente y le preguntó quién se había quedado después de clases.
Seguidamente llamó a Daniela y le preguntó si Noelia había ido para su casa, pero ella le respondió que así habían quedado pero no había ido.
El oficial recordó que el mechón de pelo era rubio ... y enseguida vino a su mente la imagen de Petoluck, la regente. Las chicas le habían dicho que la hija de Petoluck era una alumna ejemplar, pero que desde que llegó Noelia a la escuela todo había cambiado. Las mejores notas y la mejor conducta las tenía ella. Su hija era caprichosa y estaba enferma de celos... a la madre no le quedó otra opción...
Jaqueline Noelia Fetter - 2º 5ª

miércoles, 19 de agosto de 2009


La persona más imprevista

Mariano era leal en su trabajo, honesto y querido por sus vecinos.
Él era un hombre sano, pero periódicamente iba a hacerse un chequeo con su médico, el doctor Roberto Gómez.
En la última consulta, el médico le diagnosticó diabetes, entonces le indicó que no ingiriera nada dulce.
Mariano regresó a su casa y les contó a su mujer y asu hija lo sucedido. La esposa llamó a la mucama y le ordenó que preparara comida especial para él.
La mucama se fue a la cocina y dos horas después avisó que la cena estaba lista.
Mariano comió un bocado y no quiso más porque estaba disgustado por lo que le había sucedido.
Se dirigió a su recámara y se encerró.
Cuando terminaron de comer, la mujer subió al dormitorio y encontró a Mariano tirado en el piso. Desesperada comenzó a gritar y a pedir auxilio. La hija corrió hacia abajo y le pidió a la mucama que llamara una ambulancia. No tardó mucho en llegar.
El médico decidió trasladarlo al hospital.
Horas después la familia estaba en el hospital esperando el informe. El doctor llamó a la esposa y le dijo que Mariano había fallecido. Ella, llorando le preguntó de qué y él le respondió que no se sabía, que tenían que hacerle una autopsia.
Días después, el informe de la autopsia reveló que Mariano no sólo tenía diabetes, sino que se había encontrado ácido en la sangre.
El comisario Nicolás Rocas consideró que el caso era muy difícil de resolver y convocó a la inspectora Rocío Maturana.
La inspectora tenía 3 sospechosos: el médico, al que había visitado antes de la noche de su muerte, la mucama que había preparado la comida y la mujer, que estuvo con él en el último momento.
Ordenó un allanamiento del domicilio y encontró un frasco de ácido sulfúrico. Tomó las huellas digitales del envase. Descubrió que eran de la persona que menos esperaba, su propia hija. ¿Cuál sería el móvil?
Luego de un interrogatorio, la hija confesó que odiaba a su padre porque había abusado de ella y luego la había obligado a interrumpir el embarazo. La madre nunca se había enterado.
Rocío Maturana le dijo al comisario Nicolás Rocas: "La niña lo mató por odio. Para encontrar el motivo hay que buscar pistas en las cosas más pequeñas, como un frasco de veneno."

El robo del diamante

El Jefe de la Policía Bonaerense, Jorge Maldonado, estaba hablando mientras comía en un restaurant con uno de los oficiales, del caso del momento: "la desaparición del gran diamante". El jefe le dijo al oficial:

- ¡Es prácticamente imposible resolver el caso!

- Tendríamos que darlo por cerrado.

El detective Adrián Pautasi no pudo evitar escuchar la conversación y rápidamente intervino:

- No. No es imposible resolver el caso, en realidad nada es imposible... Déjeme que yo investigue.

- Está bien, pero no se olvide de que ya hicimos todas las investigaciones correspondientes y el culpable no aparece.

- Mire, tenga fe en mí, déme una semana, y si no encuentro al culpable, dé por cerrado el caso.

- Muy bien, le doy una semana de plazo. Si no lo descubre, se cerrará el caso.

Al día siguiente el detective le pidió al Jefe de la Policía que le diera todas las pistas reunidas hasta el momento. Las pistas eran:
El diamante desapareció el día jueves entre las 10.30 de la mañana y las 12.40. La dueña del diamante y de la casa donde se encontraba no estaba en el lugar cuando ocurrió el hecho. La mucama había salido a hacer las compras y el jardinero estaba arreglando el césped del parque.

La dueña de casa jamás almorzaba allí. Siempre se iba a las 9.15 de la mañana y volvía alrededor de las 16 hs.
El diamante se encontraba en una habitación sin ventanas y con una sola puerta inviolable por la que sólo la dueña podía entrar.

Reunidas todas las pistas, el detective comenzó la investigación.

Fue al lugar donde ocurrió el hecho, primero interrogó al jardinero y a la mucama, les preguntó dónde estaban el día del robo entre las 10.30 y las 12.40. Ambos respondieron lo que el detective ya sabía. Cuando le llegó el turno al chofer, Pautasi le dijo:
- Me imagino que usted estaba con la señora de la casa, dado que es el chofer y ella no saldría sin usted.
- Por supuesto, yo estaba con la señora.
- ¿Y a dónde fueron?
- Al salón de belleza. Fuimos a las 9 de la mañana porque la señora tenía que hacer varias cosas y decidió salir temprano. A las 11.30 salió del salón y la llevé a almorzar a la casa de una amiga, partimos de allí a las 12.45, hizo unos trámites y compras y regresamos a las 16 hs. como todos los días.
El testimonio del chofer coincidía con el de la dueña de la joya.
Adrián Pautasi interrogó a los vecinos y comerciantes del barrio, quienes confirmaron las declaraciones de la mucama y el jardinero. Comprobó luego que efectivamente la señora había estado en el salón de belleza y la amiga corroboró que habían almorzado juntas.
Quedaban sólo cinco días para resolver el caso y el detective volvió al lugar del hecho y le preguntó a la señora cómo era posible que con una joya de semejante valor en su casa, no tuviera custodia ni alarma. La mujer le respondió que no le gustaba tener gente extraña vigilando su casa y que la alarma de nada servía si se cortaba la luz, por lo cuál sólo tenía cámaras de seguridad. Entonces el detective le pidió las grabaciones de los últimos quince días y ella se las dio.
Ya en su casa, Pautasi se puso a revisar detenidamente todas las grabaciones, una por una. Eso le llevó todo un día; ahora sólo le quedaban tres, y el culpable no aparecía. De repente recordó que no había preguntado en el salón de belleza a qué hora había salido. Regresó al lugar y le dijeron que la señora se había retirado a las 10.30 hs. Comenzó a preguntarse "¿Por qué me mentiría la dueña?" "¿Por qué me dio las grabaciones sabiendo que podrían comprometerla?"¿Por qué tendría un diamante valiosísimo en su casa y no guardado en una caja de seguridad?" Así pasó otro día, quedaban solamente dos para resolver el caso.
Finalmente decidió ir hasta el Departamento de Policía. Buscó a Maldonado y le preguntó cuánto valía el diamante y si estaba asegurado. El Jefe le respondió que estaba valuado en dos millones de dólares y asegurado por un millón y medio.
El detective volvió a su casa y comenzó a pensar quién podría ser el culpable si nadie podía entrar, si había cámaras de seguridad y en ellas no se detectaba nada extraño. Casi resignado volvió a mirar las grabaciones y descubrió que en ellas, el día señalado como el del hecho estaba nublado, y si él mal no recordaba, ése había sido un día estupendo. Aquellas grabaciones no eran de los últimos quince días, ¡eran grabaciones viejas!
Sólo quedaba un día cuando el Jefe de Policía llamó preguntando si había resuelto el caso, porque de lo contrario se cerraría al día siguiente, y Adrián Pautasi contestó:
-¡Sí, lo resolví!
- Está bien, ¿quién es el culpable?
- La propia dueña del diamante. Dijo que había estado en el salón de belleza, y estuvo, pero no a la hora que ella dijo, sino que salió una hora antes. También me dio grabaciones viejas para que yo no me diera cuenta de cuándo lo sacó ni dónde lo ocultó.
- ¿Y para qué querría robarse ella misma?
- Ella sabía que si desaparecía el diamante iba a cobrar el seguro. Su chofer es cómplice porque es su amante e iban a disfrutar juntos del dinero, conservando también la joya.
- Muy bien, señor detective, lo felicito, resolvió el caso.

Fabiola Poustis - 2º 5ª