
En un pueblo de la provincia de Buenos Aires, vivía una señora llamada Rosa, ella todas las tardes salía de compras.
Una tarde estaba entrando en el supermercado cuando vio que Cristian le estaba robando a una mujer. Rosa inmediatamente avisó a la policía.
Ella conocía a Pablo, el padre de Cristian, por lo tanto creyó conveniente informarle lo que había sucedido.
Pablo, indignado, le dijo a Rosa que no se metiera en los asuntos de su hijo, y que él iba a arregler cuentas con ella.
Al día siguiente María, la mucama, al abrir la puerta de la casa se encontró con una mancha de sangre en el living, y cuando llegó al dormitorio, Rosa estaba muerta.
Inmediatamente llamó a la policía. Dos investigadores, Martín y Lucas, llegaron al lugar. Tomaron muestras de la sangre y revisaron todo en busca de evidencias.
Los resultados del análisis de sangre mostraron que no era de la víctima.
¿De quién era la sangre? ¿Por qué habían matado a Rosa? ¿Quién era el asesino?
Martín y Lucas recordaron el episodio del supermercado. Ingresaron el ADN de la sangre a la computadora y descubrieron que era de Cristian.
Enojado con Rosa porque lo había denunciado, fue a verla para pedirle que retirara la denuncia, como ella se negó, la asesinó. Cuando salía corriendo de la casa, asustado, se raspó la pierna con un mueble que tenía un clavo y su sangre manchó el piso.
Martín y Lucas resolvieron el crimen y Cristian pagó las consecuencias de sus actos.
Micaela Asta - 2º 5ª